El Festival

Antes de irte, dame una oportunidad para contarte una historia. Mi historia. Creo que todo aquel que me conoce puede llegar a afirmar c...


Antes de irte, dame una oportunidad para contarte una historia. Mi historia.

Creo que todo aquel que me conoce puede llegar a afirmar cuán es mi fanatismo hacia el Festival de Eurovisión. Creo que todo aquel que me conoce, puede afirmar con total exactitud lo pesada que soy con ello, lo mucho que doy la lata y cuánto lo vivo. Pero muy poca gente, por no decir nadie, sabe cuál es mi historia detrás de ese festival. Nadie sabe cuáles son los motivos por los que sigo el festival de esta manera, nadie sabe por qué es tan importante para mí.

Y sí, no negaré que me encanta por todo el espectáculo, por la música, por la unión de culturas que hay en él. Que sí, que muchos pensáis que es política pura, pero a ver, ¿quién no disfruta de un festival musical de tal envergadura? Además, es la unión de los países en el idioma más universal que existe: la música. Sean mejores o peores, innovadores o anticuados. Todos se unen para celebrar el gran regalo que es la música. ¿Cuánta belleza hay en esto?

Pero bueno, esta es la parte que todo el mundo conoce. Esta es la parte que suelo contar a todo el mundo, la parte menos tostón. La realidad va mucho más allá. Para mí, de un modo u otro, Eurovisión me salvó. Me rescató de un pozo sin fondo. Me hizo ver la luz.

Era 2009. Apareció un candidato con una buena propuesta y dejó a muchos asombrados con su increíble talento. Conmigo no fue menos. Con 12 años había descubierto a un apasionado de la música, a alguien a quién idolatrar, a alguien que, años más tarde, sería quién me acompañaría durante los momentos más duros.

Nadie a mi alrededor entendía por qué me gustaba tal chico. Su estilo se acercaba al pop-folk, hasta algunas veces llegaba al clásico. Pero yo seguía firme. Me emocionaba, me ponía los pelos de punta, me conmovía de tal manera que no podía dejarlo atrás así como así. Que me daba igual lo que decían.
Hasta que llegó un día que lo necesité más que nunca. Estaba alterada, mi mente estaba fuera de lugar. No sabía qué me estaba pasando. Me dolía el corazón, me sentía sola, estaba desconcertada. No era yo. No podía controlar mis actos. Hasta que puse su disco y de repente todo pareció cobrar sentido. Todo volvió a su lugar. Desconecté. Y desde aquel entonces, es el único que me calma. Sé que si tengo un día malo, debo recurrir a él. Está en la otra punta de Europa, pero me ha ayudado más que muchas de las personas que han pasado por mi vida.

Y por eso adoro el festival. Por llevar a mi vida a artistas como Alexander Rybak, Marco Mengoni, Amir... por hacerme descubrir un mundo que desconocía, por hacerme conocer a personas que son igual de apasionadas que yo, pero sobretodo, por traerme paz. Por eso me vuelvo tan pesada. Por eso me apasiona. Por eso soy eurofan.

Espero que este post sirva para demostrar que antes de juzgar, se debe conocer la historia detrás. Porque siempre hay una historia detrás.
Porque quizás para ti sea solo una friki, pero para mí eso signifique el mundo entero.


Darle una oportunidad.








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